Figuras históricas: Blas de Lezo.

 

A veces la realidad supera a la ficción, y como ejemplo de esta proeza tenemos al siguiente personaje histórico.

Blas de Lezo y Olavarrieta fue un almirante español y de los mejores estrategas de la armada española durante los enfrentamientos con Inglaterra. Nació en Guipúzcua el 3 de febrero de 1689 y se enroló en la guardamarina al servició de la escuadra francesa cuando esta era aliada de España en la Guerra de sucesión con tan solo 12 años.

Perdió una pierna izquierda con 15 años por una bala de cañón y su actitud fue tan estoica y valiente que le valió el reconocimiento de su comandante frente al rey Luis XIV, perdió el ojo izquierdo por un trozo de metralla y su brazo derecho quedo inútil tras recibir un balazo luchando contra las tropas enemigas.

Pese a ello resultó invicto en todas las batallas donde participó. Tuerto, manco y cojo, conocido como el MedioHombre, provocaba temor en sus adversarios con solo escuchar su nombre.

Un hombre forjado en batallas, capaz de hazañas impensables:

Robert Jenkins en 1738, un pirata británico que perdió una oreja a manos de un guardacostas español, Julio León Fandiño, mientras este le decía “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve“. Y es que por cosas menores se han empezado guerras, así que cabía de esperar que cuando el pirata se presentó con su apéndice cortado en un frasco y la amenaza oída al mismo rey, se desatara una batalla.

Los británicos llegaron a la decisión de declarar una lucha a la que muchos llamaran “la guerra de la oreja de Jenkins”, y así es como se posicionan en Cartagena de Indias, dirigidos por el comandante Sir Edward Vernon con la friolera de 186 buques y 23.000 hombres.

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Frente a los 6 navíos y 3500 hombres que poseía España en comparación, los ingleses sintieron que era una batalla ya ganada. Incluso comenzaron a crear placas conmemorativas con la inscripción “El orgullo español humillado por Vernon” antes de que esta finalizase.

Es en esta parte cuando llega el momento de Blas de Lezo. Porque este hombre hizo lo impensable con tal desventaja numérica: ganar.

“–Soldados de España peninsular y soldados de España americana. Habéis visto la ferocidad y poder del enemigo; en esta hora amarga del Imperio nos aprestamos para dar la batalla definitiva por Cartagena de Indias y asegurar que el enemigo no pase. Las llaves de Imperio han sido confiadas a nosotros por el Rey, habremos de devolverlas sin que las puertas de esta noble ciudad hayan sido violadas por el malvado hereje. El destino del Imperio está en vuestras manos. Yo, por mi parte, me dispongo a entregarlo todo por la Patria cuyo destino está en juego; entregare mi vida, si es necesario, para asegurarme que los enemigos de España no habrán de hollar su suelo, de que la Santa Religión a nosotros confiada por el destino no habrá de sufrir menoscabo mientras me quede un aliento de vida. Yo espero y exijo, y estoy seguro que obtendré, el mismo comportamiento de vuestra parte. No podemos ser inferiores a nuestros antepasados, quienes también dieron la vida por la Religión, por España y por el Rey, ni someternos al escarnio de las generaciones futuras que verían en nosotros los traidores de todo cuanto es noble y sagrado. ¡Morid, entonces para vivir con honra! ¡Vivid, entonces, para morir honrados! ¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Cristo Jesús!”

Blas de Lezo a sus hombres, antes de la batalla.

Hizo gala de sus dotes de estratega nato y venció a los ingleses con menos de la mitad de los efectivos de los que contaban ellos. Fue un despliegue de medios logísticos que dejaron bien claro a los ingleses quien mandaba en Colombia. Y los ingleses no tuvieron otra que hacer todo lo posible por eliminar las monedas que habían acuñado con antelación, ejemplos de la altanería británica.

“God damn you, Lezo!” (“¡Que Dios te maldiga, Lezo!”)

Edward Venon, tras la derreota en Catagena de Indias

La vergüenza fue tal, que la corte inglesa no se entero de la masiva derrota hasta un año después, cuando a Sir Vernon no le quedó mas remedio que volver a su tierra, y El mismo Rey Jorge II prohibió a sus historiadores escribir nada sobre lo sucedido.

Sin embargo, lo que para Vernon significó perder su puesto en la marina y ser enterrado con un mensaje jocoso, y mas bien siendo su nombre recordado por alguna bebida alcoholica, para Lezo significó perder el favor del Rey por temeridad en su defensa.

Meses después, Lezo murió en Cartagena de Indias, en Colombia,  por la peste, pobre y traicionado por los suyos. Fue enterrado en una fosa común junto a sus hombres caídos y los cuerpos de los ingleses vencidos.

Sin duda una figura histórica digna de las películas de acción con las que nos bombardean tan a menudo y un ejemplo de superación.

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